sábado, 16 de mayo de 2009

FESTIVAL DE CANNES 2009

COPPOLA ABRE EL BAILE

Primera gran emoción de festivalera: he acudido sobre el estrado de la sala la Quincena de los realizadores para tomar fotografías de la noche inaugural, estoy a las primeras filas para asistir a la llegada sobre el escenario de Francis Ford Coppola. Viene a presentar su nueva película, "Tetro".

Recuerdos de mi primera oportunidad en el festival, en 2001, cuando he descubierto, ahogada en la inmensa pantalla del Gran Teatro Lumière, sentada en la quinta fila, la versión “Redux” de “Apocalypse Now”. Ya a algunos metros del gran patrono del cine americano independiente, estaba de pie frente a él para regalarle con los centenares de festivaleros en transe, una ovación de pie de una intensidad inolvidable. Se puede comentar mucho tiempo sobre la mentira espantosa que recubre la famosa “magia de Cannes”: la vulgaridad omnipresente, las relaciones de fuerza ultraviolentas, la mecánica de frustración y humillación inducida por la despiadada jerarquía de las acreditaciones, la futilidad de las lentejuelas pero existe una verdad, inquebrantable: la leyenda del cine con una gran L y una gran C está aquí y en ninguna otra parte, viva, palpable, vibrante, personificada por la más bella cosecha de películas del año, y por los que escriben cada día la legenda.

Mientras que el acordeonista de ayer toca la música de “The Godfather” en la Croisette, Coppola desciende al paseo de la gran sala de la Quincena de los Realizadores, aclamado por una sala que le hace un vibrante y sincero homenaje, monta sobre escena y toma el micro que le tiende el delegado general Olivier Père:

“Dedico esta película a todos los padres que han visto a su hijo venir hacia ellos un día, y le dice: “No quiero ser contador, no quiero ser médico, quiero ser un artista”, y que le ha respondido: “es formidable, la vida de artista es la más hermosa que puede haber”. No hay nada más hermosa que una familia de artistas. El mundo necesita artistas. Y nada más”.

“Tetro” puede comenzar como una película de factura prácticamente artesanal, rodada en Argentina en DV, en blanco y negro (con flashbacks en color), casi haría pensar en la primera película de un joven realizador sudamericano. Salvo que el gran maestro conoce su oficio, que invierte este muy pequeño formato al máximo, desbordando en cada plano su propia capacidad. Con tres personajes, apenas más, pone en escena un gran relato familiar donde resuenan los ecos de la trilogía de “The Godfather” al igual que los de “Youth Without Youth”, su película anterior. A diferencia de éste, dónde el cineasta había enredado en circunvoluciones místico-metafísico un poco relevantes, “Tetro” tiene una línea sobria, elegante, enteramente tensada por una ciencia inaudita del encuadre y del relato, y por un formidable trío de protagonistas (Vincent Gallo, el joven y guapo Alden Ehrenreich, Maribel Verdu). Desde luego hay en el último cuarto de hora de la película, en la que Coppola se embarca arriesgadamente en una visión “arty” que reduce un poco el alcance del desenlace, pero esta fragilidad, que remite finalmente al recuento de su visión del cine como un arte total, vuelve su película aún más emocionante.

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AUTOR: Isabelle Regnier
FUENTE: Le Monde
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

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