sábado, 23 de mayo de 2009

FESTIVAL DE CANNES 2009

ÚLTIMO TANGO EN TOKIO DE ISABEL COIXET
Todo tiene vocación de intensidad, de hondura trágica y de romanticismo febril en la crónica de este amor sin futuro

"Map of the Sounds of Tokyo" (nombre origina). La vocación internacionalista de la directora española Isabel Coixet, alguien que por exigencias del mercado, por el legítimo deseo de que su cine llegue al público de cualquier parte, o porque las intimistas historias que quiere contar suceden en geografías situadas fuera de España, acostumbra a rodar en inglés. "En Mapa de los sonidos de Tokio" va más lejos y sus cosmopolitas e inevitablemente atormentados personajes se expresan alternativamente en inglés, japonés y catalán.

La acción está ambientada en Tokio, ciudad que debe de estar de moda entre la sensibilidad de tantos creadores occidentales, ya que no puede ser casual que el argentino Gaspar Noé, la norteamericana Sofia Coppola, la alemana Doris Dorrie, el mexicano González Iñárritu y la española Isabel Coixet, entre otros, se sientan tan repentinamente fascinados por esa exótica cultura y pretendan ofrecernos insólito testimonio sobre ella a través de sus ficciones.

Y, efectivamente, resulta impactante el arranque de esta película, en el que un grupo de hombres de negocios celebra una comida de trabajo devorando con naturalidad sushi y sashimi sobre el cuerpo de señoras desnudas. Estos apuntes costumbristas abundan en el desarrollo de la trama. Por algo lleva título tan poético. Y no defrauda el enunciado, ya que además del folclore visual también nos ofrecen los sonidos de esa ciudad registrados, porque uno de los personajes es un ingeniero de sonido con la misión de captar la heterodoxa acústica de todo tipo de ambientes. O sea, Isabel Coixet intenta regalarnos a los curiosos mirones el auténtico espíritu de lugar tan enigmático. Pero hay más. Va a integrar la geografía del alma japonesa con el pretendido volcán sentimental y erótico entre un comerciante de vinos catalán y una introvertida japonesa.

Resulta que él se siente hundido e inconsolable por el reciente suicidio de su neurótica mujer y ella combina el proletario oficio de cortar pescado con el de asesina profesional de alto standing. ¿Por qué? Pues porque le da la gana a la guionista Coixet, porque debe de haber descubierto un lírico cordón umbilical entre ambas profesiones. La hermética killer ha sido contratada por el vengativo padre de la suicida para que le dé matarile al fulano que no la supo amar. La cazadora y su ignorante presa sienten una irresistible atracción física y deciden encontrarse en un posmoderno hotel, sin camas, permanentemente iluminado, con el aspecto de un vagón del metro, para follar apasionadamente y hablando de ellos lo justito. Como hacían el desesperado viudo y la hipnotizada veinteañera en aquel poema desgarrado y auténtico titulado El último tango en París. Con la diferencia de que Bertolucci me provocaba escalofríos y los atormentados amantes de Isabel Coixet, además de no creérmelos, me inspiran un poco de risa.

Todo tiene vocación de intensidad, de hondura trágica y de romanticismo febril en la crónica de este amor sin futuro. La estética alberga pretensiones de lujo, pero yo la asocio más bien con los spots publicitarios de presupuesto holgado empeñados en la mentirosa misión de encontrar la poesía. No dudo de la sinceridad de esta relamida autora al hablar en todo su cine de las sensaciones del corazón, de los amores difíciles, de las separaciones torturadas, de soledades que se encuentran, de la cercanía de la muerte y demás parafernalia sentimental, pero no hay forma de que me sienta contagiado o conmovido por universo tan trascendente. Tengo la fastidiosa seguridad con sus películas de que siempre sé lo que van a decir, a hacer y sentir los personajes, la música que va a sonar, las imágenes con las que van a ilustrar los lacerantes estados de ánimo. Y, sobre todo, la permanente condición por parte de Isabel Coixet de que está pariendo arte hipersensible.

En "Mapa de los sonidos de Tokio", aunque no me guste nada, al menos tengo claro lo que pretenden contarme, pero me resulta imposible saber de qué va la intriga de "Visage", firmada por el para mí incomprensiblemente idolatrado director chino Tsai-Ming Liang. Se supone que trata de un rodaje en el Louvre actualizando el mito de Salomé, pero nada de lo que veo y escucho tiene sentido, atractivo ni gracia, aunque el autor se esfuerza mucho por conseguir lo último. Lo único que me saca del soporífero estupor es que el esotérico Tsai-Ming Liang haya convencido a Laetitia Casta para que exhiba su preciosa desnudez. No compensa, pero menos es nada.

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AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Fotogramas


ISABEL COIXET SE PIERDE EN TOKIO
El improbable amor entre una asesina a sueldo y un español aficionado al vino se pierde en un ritual de frases demasiado afectadas para la emoción

Lo importante es participar. La frase de marras nos la vienen repitiendo nuestros padres desde que nos vieron perder por primera vez. Desde entonces, reconozcámoslo, ha sido un no parar: de derrotas y de frases hechas. Sin embargo, la advertencia, según en qué sitios, tiene su valor. Por ejemplo, en Cannes. De las miles de películas que llegan para ser seleccionadas, sólo un puñado entran en la fase final, la de la alfombra roja.

Y sólo por estar ahí, entre las 20 mejores del año, algo tienen. Unas nos cabrean hasta la extenuación; otras entusiasman, y, la menos, dejan perplejo. La indiferencia es una enfermedad erradicada en Cannes. Todas sin excepción tienen algo: responden a la necesidad, como decía Terry Gilliam, de narrar. No es un empeño menor.

Llegados a este punto, hoy, en último lugar, se proyectó "El mapa de los sonidos de Tokio". Cualquiera que se haya caído por la página de elmundo.es sabrá de qué hablamos. Isabel Coixet, su directora, lleva meses contándonos cada detalle de su particular viaje al fondo de una cultura extraña. Es decir, al fondo de uno mismo. Cuanto más lejos, más adentro. Es así.

Dice la directora que la idea le surgió en un mercado de pescado tras ver a una mujer trabajando; dice que el sonido de las chicharras se le grabó para siempre; dice que quedó seducida por la sensación de respeto, la forma de marcas las distancias, de los japoneses... Todo eso está en la película de una directora que ha hecho del viaje su forma de trabajo.

Sin embargo, no funciona. O no como anteriores trabajos de la directora. Los problemas empiezan por el guión. Todas las películas, sin excepción (a un lado "Elegy", escrita por otras manos), de Isabel Coixet están perfectamente escritas. Improbables o no, las tramas avanzan gracias a una escritura capaz de dosificar evocación y drama en dosis justas. Coixet, antes que nada, es lectora. Y se nota. Nada de eso ocurre ahora. Esta vez, el improbable amor entre una asesina a sueldo (Rinko Kikuchi) y un español aficionado al vino (Sergi López) se pierde en un ritual de frases demasiado afectadas para la emoción, demasiado esquemáticas para la tristeza.

Nada es creíble

La idea es colocarse a una prudente distancia de la pasión para retratar en los gestos, supuestamente insignificantes, la verdadera naturaleza del drama. Coixet cita a Kore-Eda y Kore-Eda cita a Ozu, Yasuhiro Ozu. El problema es que el principio de verosimilitud dura poco. Nada es creíble. Y no nos referimos al desarrollo de los acontecimientos, sino al necesario diálogo que tendría que existir entre dos pasiones que se cruzan.

La innegable destreza estética, la madurez de una directora que ha dejado atrás viejos vicios (la cámara ya no tiembla) y la brillante puesta en escena (sutiles e inteligentes las escenas de sexo) compensan el resultado de una película que, por momentos, parece más el resultado de un impetuoso y poco reflexionado deslumbramiento: el de la directora por Japón. Sea como sea, lo importante, y ahora sí que es verdad, es participar. Cannes es mucho Cannes. Y "El mapa de los sonidos de Tokio" se merecía estar entre las 20 mejores producciones del mundo. Del mundo, repetimos.

Y prueba de que nadie está libre de culpa es que Coixet ha compartido el día con una de las vacas sagradas del cine reciente: el taiwanés Tsai Ming-Liang. Con la plana mayor de la mitología cinéfilo-francesa en el reparto (de Jean Pierre Leaud a Fanny Ardant pasando por Jeanne Moreau), el director compone en "Visage" una alambicada reflexión sobre el arte, la vida, el cine, la representación y la historia (uno de los escenarios es el museo del Louvre). Pues bien, la ambición, y la falta de escrúpulos, mató al gato. Impostado, engolado, retórico, torpe... Lo que viene siendo una paliza.

Y mañana, el palmarés. Las quinielas, el sentido común y la excelencia apuntan a dos obras mayores: "A prophet"', de Jacques Audiard, y "The white ribbon", de Michael Haneke. Mañana, con permiso del jurado, veremos.

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AUTOR: Luis Martínez
FUENTE: El Mundo
FOTO: Fotogramas

FESTIVAL DE CANNES 2009

EL IMAGINARIO DE TERRY GILLIAM DEBE SER SÓLO PARA FANS
“The Imaginarium of Doctor Parnassus”, presenta el conmovedor saludo final de Heath Ledger y es simplemente muy terriblemente autoindulgente

Heath Ledger hace un conmovedor saludo final en el descabellado, agradable pero terriblemente autoindulgente “The Imaginarium of Doctor Parnassus” de Terry Gilliam, presentada aquí en el festival de cine de Cannes fuera de la competición. En medio del rodaje, Ledger ha hecho una extremadamente triste partida antes de tiempo, hasta tal punto que el director ingeniosamente re-inventó su personaje, como una serie de mascaras. Jude Law, Colin Farrell y Johnny Depp valientemente se pusieron al frente de la batalla.

Dr Parnassus, él del titulo, es representado por Christopher Plummer, un envejecido swami-showman que traquetea por todas partes en su “imaginario”, una clase de teatro de Gitano-furgoneta-que es a la vez-móvil-parque de atracciones, con sus compañeros actores: el maleducado Percy, representado por Verne Troyer, su hija Valentina (Lily Cole) y el actor principal Antón (Andrew Garfield) que es evidente que está profundamente enamorado de Valentina. Cuando los espectadores son invitados a subir al escenario, ellos se deslizan súbitamente a través del andrajoso viejo telón el cual los conduce hacia un país de las maravillas -como Narnia- en el cual su imaginación puede ser liberada. Dr Parnassus está comprometido a un duelo mortal con el diablo (Tom Waits): Parnassus desea demandar las almas para la gloriosa, libertad imaginativa - Satanás quiere encadenarlas en la banalidad y la estupidez.

Este combate se hace más interesante cuando Parnassus y su compañía teatral rescatan a un misterioso forastero de un intento de suicidio al estilo Roberto Calvi, colgado debajo de un puente. Él es “Tony”, interpretado por Ledger y otros, aparentemente un importante defensor de la caridad y un personaje público - pero pronto revelado como frívolo e insidioso. Un titular de periódico, Mentiroso Tony, insinuando que él puede ser inspirado por cierto ex primer ministro de oscurecido recuerdo.

Cuando Gilliam dispara todas sus balas en su surrealista país de las maravillas, su película tiene una especie de jovialidad y de espectáculo “lleno de helio”. Los momentos cuando la cara de Plummer aparece enorme fuera del paisaje alucinante son sensacionales: un recordatorio de la vieja magia de los Python. Pero los enrevesados floreos de la película son fatigosos, insistiendo demasiado en voz alta en cuán “imaginativo” es todo. Y cuando desciende en el mundo real - Lucy fuera del cielo sin los diamantes, por así decirlo - la película francamente puede ser un poco aburrida, con una muy amplia interpretación de pequeños papeles en una multitud de actores. “Tideland”, la anterior película de William, en la que demostró que él todavía tiene capacidad, y él lo descubre de vez en cuando aquí. El lado oscuro se revela, repetidamente, en lo arruinado, de los exteriores de una insensible Londres. Pero esta película, aunque perfectamente afable, podría ser solo para fans.

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AUTOR: Peter Bradshaw
FUENTE: The Guardian
FOTO: Metropolitan Filmexport
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

jueves, 21 de mayo de 2009

FESTIVAL DE CANNES 2009

“KINATAY”: BRILLANTE MENDOZA SE SUMERGE CON BRÍO EN UNA PESADILLA SANGRIENTA

Se da a conocer en el 2007 con la película “John John”, conmovedora mirada en los barrios de chabolas de Manila, incomprendido el año pasado con “Serbis”, donde filmaba con largos y virtuosos planos-secuencia la vida en un cine porno, el filipino Brillante Mendoza le pone la firma este año a una obra perturbadora y sorprendente, y se impone como un cineasta mayor.

Comparable, en cuanto al debate que suscita, al de “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino, esta inmersión en el horror se inspira en hechos reales. La película comienza con una evocación de la vida agitada en las calles de Manila.

Es necesario un talento fuera de serie para devolver el brillo de los colores, el ruido de los gritos y bocinas, el bullicio de la urbanidad, el mercado, los embotellamientos, la efervescencia de una masa corriendo hacia mil de actividades, y entre esta gente, una joven pareja sale pintada para ponerse el anillo al dedo, para consagrarse como marido y mujer por un juez quien oficia sin ceremonias.

La boda concluye con una comida familiar en un restaurante. Peping, el joven marido, estudiante de criminología, acaba de seguir un curso sobre el arte y la forma en la que un poli puede investigar sobre la escena del crimen. Se deja llevar por un compañero a hacer horas extras como matón al servicio de una banda de delincuentes, a fin de mantener a los suyos.

Mujer cortada en pedazos
Mendoza filma en tiempo real, como en un documental, la pesadilla y las angustias de este muchacho hasta el vómito. Ya que el relato oscila dentro de algo alucinante, una iniciación traumática.

Ahí está Peping testigo y cómplice del secuestro de una prostituta culpable de no estar en al día con sus deudas de droga. Después de una interminable travesía en camioneta, de noche, que Mendoza filma como un pánico mental, un viaje sin retorno hacia el infierno, la mujer es encerrada en el sótano de una casa, maltratada, desnudada, violada, asesinada salvajemente y cortada en pedazos.

Como, este resumen de la intriga no puede sino suscitar desconfianza o rechazo, salvo una adicción a espectáculos de los peores suplicios. Pero en ningún momento Mendoza puede ser acusado de complacencia. Su manera de orquestar los planos, los sonidos, las aberturas de luz en las tinieblas, la claustrofobia en la camioneta con destellos de los faros del carro, el ascenso del miedo, la violencia perpetrada sobre el rehén gimiente, sus súplicas cuando es torturada, la opresión del pánico de Peping ante estos actos, su excitación de querer olvidarse, de hacer escapar a la mujer, en vano, son irreprochables.

“La integridad, una vez perdida, se pierde para siempre”, destaca el cineasta. “Kinatay” remite a temores universales, a la dificultad de intervenir, en la transformación de un inocente en monstruo con su silencio. La captación de tanta impotencia ante tanta inhumanidad es magistral.

Película filipina de Brillante Mendoza con Coco Martin, Julio Diaz, Mercedes Cabral, Jhong Hilario. (100 minutos)

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AUTOR: Jean-Luc Douin
FUENTE: Le Monde
FOTO: EQUATION

TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

miércoles, 20 de mayo de 2009

NOTAS DE CINE

EL "CINE PERUANO" DE NUESTROS DÍAS
“La teta asustada” y “El premio”, dos propuestas distintas, dos historias distintas, pero unidas por un vínculo en común

Este artículo se publicará en el cuarto número de la revista "Palabra" dirigida por el poeta y decano de la Facultad de Ciencias de la Comunición de la Universidad Alas Peruans, Omar Aramayo y editada por el Fondo Editorial de la Universidad Alas Peruanas.

por Emanuel Ramos

En esta primera mitad del año se han estrenado en Lima dentro del circuito comercial, dos largometrajes con corazón peruano, “La teta asustada”, de Claudia Llosa y “El premio”, de Alberto Chicho Durant (sin incluir el valioso documental “Lucanamarca” de Héctor Gálvez, que tuvo un fugaz paso por la salas limeñas). El primero, en la primera quincena de marzo y el segundo el último día del mes precedente, ambos tuvieron su pre-estreno en poblaciones apartadas del 'centro' de la capital; en el caso de “La teta asustada” en el distrito de Manchay a las afueras Lima y en de “El premio”, en el poblado interandino de Pariamarca en Canta, en donde, en ambos casos se improvisó una proyección al aire libre y los pobladores tuvieron la oportunidad, en muchos casos de ver por primera vez una película y reconocerse en ella (son zonas de extrema pobreza), viviendo de seguro una experiencia inolvidable y llena de gratitud de parte de los productores cinematográficos. Ambos lugares sirvieron de locación para rodar escenas de dichas películas.

Ahora bien “La teta asustada” arribó a Lima precedida de un gran palmarés, de haberse alzado con el Oso de oro a la mejor película en la última Berlinale, máximo premio otorgado por el festival germano, ya ante su sorpresiva inclusión dentro de la competencia oficial del Festival de Berlín, su directora expresaba su satisfacción, de compartir la sección con consagrados como el chino Chen Kaige, el inglés Stephen Frears, o maestros como Bertrand Tavernier, Costa-Gavras, François Ozon o Andrzej Wajda y jóvenes promesas del cine como Rachid Bouchareb, Mitchell Lichtenstein y los locales Tom Tykwer y Hans-Christian Schmid, todo un triunfo a priori. Cabe recalcar que el festival de cine berlinés, es uno de los más importantes del mundo, aunque en los últimos años a perdido trascendencia y caído en la mediocridad, muy especialmente en su última edición.

Por su parte, “El premio” se publicitaba con un cartel bastante ambiguo o muy confuso, “premio a mejor película en el Festival de Cine Peruano de París 2009”, que uno no sabe muy bien que es eso o que valor real tiene, en la quinta edición de este festival, esta película destacó sobre las irregulares “Dioses” y “Pasajeros”, la soporífera “El acuarelista” y por último sobre la inefable “Vidas paralelas”, con este “gran merito” se promocionaba la película de Durant, secundada de un provocativo trailer, que despertaba la emoción de los más escépticos y de los más incautos también. Bueno, esto de los premios festivaleros, son como el rating o la crítica, mientras más te favorezcan, son excelentes y valederos en gran estima, pero si te dan la espalda y son implacables con tu obra, dirás algo como: “son gente frustrada y amargada, la cual no tiene ninguna credibilidad y no representan a nadie”. Durant se alegra en un programa en vivo mientas promociona su película (El perro del hortelano, conducido por César Hildebrandt) al recibir la noticia que en el XII Festival de Cine de Málaga, no había recibido reconocimiento alguno; mientras Llosa y Solier, luego de recibir su galardón, tienen una exposición inusitada en la pantalla chica, periódicos, radio, etc., y la prensa le da tanta o más cabida como hoy a los Jonas Borthers, antes de Berlín nunca les importó a la “televisión basura” sobreviviente de la dictadura fujimorista.

Y si de ambigüedades se trata, “La teta asustada” juega desde su visión más comercial –el cine cada día deja de ser arte–, donde sus productores españoles (muy audaces ellos) la presentan en la Berlinale como una película peruana, para sacar partido a la consideración de los criterios que se manejan en este tipo de festivales, donde se valora el exotismo, la mirada “sincera” a las realidades remotas al “primer mundo”, y todo ese rollo del multiculturalismo, entonces “una película venida del país de los Incas”, suena bien y además, si habla del sufrimiento de una mujer andina en la marginalidad, aún mejor; el marketing al servicio de un gran negocio, entonces es pertinente decir que el segundo largometraje de Claudio Llosa nace con un D.N.I. espurio, pero “El premio” también es "pura bamba", se vende en su avance como una película que ofrece de todo, como en botica (de eso se tratan los trailers, su objetivo es vender hasta el bodrio más insufrible, una vez comprado el producto ¡ya no hay devolución!) avance cargado de acción, drama, erotismo, violencia, hasta uno de los personajes dice con gran desparpajo “esta es la chamba perfecta: cine, negocio y sexo” entonces sabemos que no será una gran película –no pretende serla tampoco– luego, la verdad te despierta de la ilusión.

En el caso de Alberto Chicho Durant, no se trata de un director novel, es su sexto largometraje, en su filmografía destacan títulos como “Alias la Gringa”, dicen algunos, un film estimable, criterios que este servidor no comparte, está “Coraje”, un gran error, menos errática “Doble juego”, en algo divertida pero mínima e igual que sus otras obra, de los cuales no vale la pena ni hablar, así y todo se considera a Durant como uno de los cineastas más “representativos” –vaya representatividad de nuestro cine– de una generación liderada por Pancho Lombardi, a fuerza de qué, de rodar películas con cierta periodicidad, debemos suponerlo, algún otro merito no avizoramos (y perdón por la miopía, quizá me ciegue con la estela luminosa, de ese “gran artista” llamado Chicho, con cariño).

Claudia Llosa, radicada en España ya hace un tiempo y es producida entusiastamente, con financiación hispana, es un talento en ascuas del cine mundial; con su opera prima “Madeinusa” –cada nombrecito más pelicular que el otro– en su debut cinematográfico, Llosa que estuvo acompañada también por la talentosa Magaly Solier, que no solo actúa sino también canta. En aquel lejano 2006, “Madeinusa” se presento con éxito en importantes festivales como Sundance, Rotterdam o Mar del Plata (la película “peruana” más premiada), y cuando llegó la hora de su estreno en el Perú, causo una conmoción, rompiendo un debate acalorado y muy alejado de valores cinematográficos que pudiera tener esta ficción, sino más bien llevado a terrenos antropológicos, en donde los defensores de los derechos andinos y de la etnicidad , se encendieron en la moralina los patrioteros, brotando de todo esto las ideologías más extremas a relucir, conclusión: la intolerancia y la división venció, contribuyendo a la fragmentación de nuestra sociedad.

Volviendo al presente, toda esa exposición en los medios de “La teta asustada”, mencionada anteriormente, tuvo como positivo, despertar el interés masivo, llevando a las salas una cantidad considerable de espectadores, 300 mil aproximadamente. Si bien, el consumidor promedio de cine, no tiene mucha idea que representa un festival o que es un Oso de oro, mejor acondicionado a los blockbusters del Hollywood mainstream y engullir pop-corn, en su curiosidad se enfrentó a una película de cierta exigencia, en clave baja, intimista, que narra el drama de una joven que transcurre en un viaje de redención, de una emancipación hacia la libertad de ese pasado traumático, propio y colectivo; propuesta que llega a sensible, pero que en muchos espectadores despierta risas y aburrimiento, muestra de olvido de nuestro reciente pasado sangriento. “El premio” sigue su estadía feliz por tercera semana consecutiva en cartelera (ya 40 mil espectadores), con sus “buenas intenciones” de querer ser realista y ser un testimonio artístico de una realidad de la Lima actual, son tan sólo eso, porque el cine con las buenas intenciones no alcanza. El facilismo y lo chicha vende. Ambas películas las vincula la generosidad del peruano que es descomunal, no se debe abusar de ella.

FESTIVAL DE CANNES 2009

CANNES NO ROMPE SU ABRAZO A ALMODÓVAR
Boyero y Guitierrez desde Cannes, comentan la presentacíon de "Los Abrazos rostos"
También la crítica de Boyero, luego del estreno de la cinta en España en marzo de este año

Carlos Boyero , El País
20 de mayo del 2009

Aunque intente hacer malabarismos con su tiempo es imposible para alguien con el deber de hacer la crónica de esa cosa tan extenuante llamada Festival de Cannes que le ofrezcan reposo a su cuerpo y a su retina durante más de cinco o seis horas, ya que la primera y obligada visión de las películas que concursan en la sección oficial es a las ocho y media de la mañana, horario legañoso y nada adecuado para captar las esencias de los presuntos manjares. Por ello, no es extraño que abunden en la sala los suspiros prolongados e incluso los soeces ronquidos, lo cual no impide que algunos de los comprensiblemente soñolientos expliquen después con análisis orales o escritos, pero inevitablemente profundos y comprometidos, las claves y los mensajes de esas obras preferiblemente vanguardistas.

En medio de tanta fatiga, supone un alivio importante para las cansadas neuronas, y sobre todo para el disfrute de la cama, haber visto anteriormente a su estreno en los festivales alguna de las películas que van a exhibir. Por tanto no he ido al pase de "Los abrazos rotos", pero compañeros con más sentido de la responsabilidad y dispuestos a informar de la acogida que ha tenido en la sala la última película de este Almodóvar por el que Cannes siente ancestral adoración (testifico que ese amor incondicional se prolonga al resto del mundo, pero lo que más mola es que te hayan descubierto y santificado los cultísimos intelectuales franceses, que son los que saben mogollón del arte auténtico) me comunican que ha habido muchos aplausos y ningún abucheo, lo que confirma el intacto prestigio de Almodóvar en este templo del cine trascendente.

Posteriormente, escucho en el encuentro de Almodóvar con los medios españoles su lúcida explicación del amor que le tienen los franceses. Se debe, a diferencia con España, a que aquí los críticos ven su cine sin prejuicios y de forma objetiva. También resalta que abundantes y distinguidos espectadores de Los abrazos rotos le han comentado que la primera vez se han sentido impresionados, pero que necesitan una segunda visión para paladearla y analizar con más tranquilidad los mecanismos que han provocado esa emoción. En mi caso es todo lo contrario. La primera vez que la padecí me resultó pretenciosa, aburrida y hueca, pero la segunda me resultó exclusivamente grotesca esa indagación en la pasión, la creatividad cinematográfica y no sé cuántas movidas más. Intenté explicar mis desagradables sensaciones en este periódico cuando se estrenó en España Los abrazos rotos. O sea, que no tiene sentido algo tan inútil y fatigoso como volver a repetirme. Al parecer, me estoy perdiendo algo importante. Eso me ocurre por ser prejuicioso y subjetivo, por no saber apreciar la belleza y la complejidad que a tanto espíritu cultivado ha resultado transparente. Tendré que cargar eternamente con mi lamentable miopía y mi carencia de sensibilidad ante la volcánica historia de amor entre el manipulado director y la atormentada amante del mezquino millonario empeñada en ser actriz.

"Vincere", dirigida por Marco Bellocchio, aquel señor italiano que nos perturbó hace tanto tiempo con su primera y feroz película Las manos en los bolsillos, pero que nunca prolongó aquel placer a pesar de su larga filmografía, se propone reivindicar la sufrida figura de Ida Dalse, una amante de Mussolini que entregó su cuerpo, su alma y sus posesiones al futuro Duce y que parió al primer hijo de éste. Cuenta la enloquecida búsqueda de esta mujer rechazada a lo largo del tiempo para que el dictador asuma la paternidad de su hijo. Bellocchio narra esta desgarrada historia combinando el tono operístico con los documentales de la época que plasmaban el esplendor del fascismo. Lo hace con inequívocas pretensiones de arte, pero casi todo resulta chirriante, esperpéntico y forzado. Te da un poco igual la obsesión de la abandonada, la egolatría de su seductor, el retrato histórico de una época convulsa y sombría.'Vincere', de Marco Bellocchio, reivindica a una amante de Mussolini.

Foto: Photo Agency

ABRAZOS PARA "ÉTREINTES BRISÉES"
Pedro Almodóvar reconoce que en Francia es más querido que en España. Especialmente en el Festival de Cannes.

Luis Martínez, El Mundo
20 de mayo del 2009

"Almodóvar orquesta un vals cromático sutil que marca el peso de la tragedia". Ole. "Se sale de la proyección con un extraño sentimiento de dolor contenido y de tranquilidad. Todo mezclado". Otro ole. Las dos frases corresponden a la revista de cine 'Positif', es decir, y junto a la más célebre 'Cahier du Cinema', uno de los 'sancta sanctorum' de la cinefilia francesa que, a fin de cuentas, es la que cuenta. 'Cahier', por su parte, hace otro tanto y recibe la película del manchego postrada de hinojos. Hasta le ofrece una tribuna al director para que se explaye sobre la movida y la 'Nouvelle Vague'. "La verdad", contesta el propio Almodóvar a tanto piropo, "es que me siento más querido en Francia que en España. Es lógico, quizá, aquí me conocen menos y me analizan con más objetividad". No en balde, Pedro ha pasado por todo en Cannes: ha sido miembro del jurado; ha ganado la Palma a la mejor dirección por "Todo sobre mi madre"; con "Volver", el reparto femenino entero se llevó premio, y 'La mala educación' vivió su estreno mundial en el Teatro Lumière. ¿Para cuándo la Palma de Oro? "Yo me voy el viernes de Cannes... pero si tengo que volver el domingo, vuelvo".

Sea como sea, "Los abrazos rotos" gustó en su proyección ante la prensa internacional. Más allá del caprichoso aplauso (se aplaude a todo el mundo menos a Von Trier), lo que cuenta es que el público no se despega y responde a cada uno de los estímulos de la película. Cuando sale Carmen Machi rompen a reír; cuando Penélope se dobla a sí misma delante del hombre traicionado, se escucha como las uñas hacen presa en los reposabrazos. Definitivamente, 'Étreintes brisées', así se llama, ha gustado en la Croisette.

Más pruebas. A pesar de que en la comparecencia de prensa, el director estuvo más espeso que en otras ocasiones (cosas de las noches largas), se gustó y gustó. ¿Cómo trabaja con los actores? "Ellos son la pieza fundamental de mi cine. Durante los rodajes llego a interpretar yo mismo todos los papeles. Lo que divierte bastante al reparto. En una ocasión, en mi quinta película, llegué a hacer un cunilingüis para explicar bien lo quería". Risas. ¿Por qué escribe tantos personajes femeninos y tan pocos masculinos? "No sé. ¿Hay algún psiquiatra en las sala?". Más risas. "Hasta los ocho años, me crié con mujeres. Crecí con una generación de mujeres que hizo posible que España sobreviviera a la posguerra. Gracias a ellas tenemos un par de centímetros más... de altura". Vuelta a reír. Bromas inocentes con una audiencia entregada.

Por lo demás, y a vueltas con sus últimas preocupaciones, Almodóvar habló de la necesidad de recuperar la memoria, la memoria histórica. "Es algo que nunca me han preguntado sobre 'Los abrazos rotos', pero creo que es un asunto fundamental en la película: lo necesario que es, llegado un momento, recuperar, por doloroso que sea, el pasado". Adelantó que, entre los cuatro guiones que maneja para su próxima película, uno de ellos gira alrededor de la vida de Marcos Ana: "Me gustaría que él, que ahora tiene 89 años, pudiera disfrutar de la película terminada. Aunque está estupendamente de salud". Prometió que, a partir de ahora, habrá más personajes masculinos en su cine. Y se extendió sobre los dos proyectos en marcha en EEUU a vueltas con el guión de 2Mujeres al borde de un ataque de nervios": "Uno de ellos es para la cadena de televisión Fox, que, dicen, será una serie eterna. Y otro es una comedia musical para Broadway de la que se encarga el mismo que hizo 'South Pacific'".

Y dicho lo cual, no se fue sin declarar su amor a Cannes: "El cine mejora la vida". Más aplausos, más abrazos. "Etreintes brissées" se estrena mañana en Francia. A partir de ahora, francesa pues.

Foto: Kristian Dowling/Getty Images Europe


¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?
"...me asomo a "Los abrazos rotos" con esperanza, intentando no volverme loco con el alud promocional que están montando el genio de La Mancha"

Carlos Boyero, El País
18 de marzo del 2009

Con nula perspicacia e irremediable antipatía pensé ante los primeros largometrajes de Pedro Almodóvar, tan celebrados entonces y añorados ahora por tantos espectadores que se declaraban seducidos por la frescura, la irreverencia, la modernidad, el humor, el posibilismo, la originalidad y el estilo del gurú de aquella cueva de impostura con pretensiones artísticas y lúdicas denominada movida, que la pasión que despertaba su cine entre la vanguardia obedecía a esa cosa tan provisional y epidérmica llamada moda, que sus hilarantes chapuzas fílmicas retratando a una fauna estratégicamente pintoresca y autoconvencida de que los tiempos estaban cambiando serían flor de un día.

Prejuicioso y maniqueo, me costó admitir ante la magnífica ¿Qué he hecho yo para merecer esto? que este hombre estaba dotado de un notable talento expresivo, una pasmosa facilidad para introducir el surrealismo en personajes y situaciones cotidianas, para reproducir con tanta gracia como desgarro la realidad, para plasmar el argot de la calle y el ritmo de la vida, para crear una tipología de seres humanos y de historias tragicómicas con el sello de su universo.

También era evidente que su certidumbre de que era un artista estaba afianzada, que su lenguaje, su tono y sus obsesiones conectaban con una masa notable, con la élite y con los intelectuales, los snobs y los experimentalistas, el diseño y las tendencias. Igualmente desarrolló, como Warhol y Dalí, un sentido impresionante de la autopromoción, de vender inmejorablemente y a nivel internacional hasta el mínimo suspiro que exhala su irresistible personalidad.

Consecuentemente, su cine jamás ha conocido el fracaso comercial, el público se siente en el placer o en la obligación de pasar por la taquilla, independientemente de que salten en estado orgásmico o echando espuma por la boca, su prestigio es absoluto en cualquier lugar del mundo supuestamente civilizado, rodeado de halagos y de esa atención masiva que él sabe crear y que pueden elevar el narcisismo a límites de frenopático, trascendente y progresivamente barroco, consciente hasta la náusea de que cualquier cosa que lleve su firma es un acontecimiento cultural y sociológico.

Y en ese prolífico e hiperpublicitado camino hay aciertos espectaculares como los de esa comedia modélica titulada "Mujeres al borde de un ataque de nervios" o el sentimiento en carne viva de "Átame", momentos y secuencias en las que la inteligencia, la sensibilidad, la audacia, el sentido crítico y la mordacidad de este hombre alcanzan el esplendor en la hierba. Y también bastantes y enfáticos disparates, pretenciosas reflexiones, cine tan hinchado como hueco, vampirismo estratégico de todo lo que su olfato intuya que está de moda en el mercado artístico, tormentos y emociones de plástico aunque pretendan ir lujosamente vestidas, control absoluto en la gestación y el lanzamiento de sus criaturas, la molesta sensación de que hay demasiado cálculo en su permanente ambición de crear arte trascendente. Hablo en primera persona, por supuesto. La expectación que desata su cine, los infinitos premios, el boato que rodea a su obra, la condición que le adjudican de cineasta profundo e inimitable pueden rebatir en cantidad y calidad mis innegociables opiniones respecto a este frecuente y magistral vendedor de humo.

Y a veces te sorprende gratamente. Después de aquella insufrible, cursi y seudolírica oda al violador enamorado en "Hable con ella" y del retorcimiento espeso y sin gracia de los traumas y los fantasmas de infancia en la grotesca "La mala educación", Almodovar habló con brillantez, complejidad, fluidez, dramatismo, encanto, de seres y sentimientos que conoce en la espléndida "Volver".

Y en función de su anterior película, me asomo a "Los abrazos rotos" con esperanza, intentando no volverme majara con el alud promocional que están montando el genio de La Mancha y su oscarizada musa, con la certeza de que me voy a encontrar el careto de ambos hasta en la sopa. Se supone que es un intenso tratado sobre la pasión, la pérdida, el recuerdo y la supervivencia. Hay un guionista ciego que alguna vez vio y fue director de cine. Su dolor parece resignado. Le cuidan una eficiente señora y su discotequero hijo. Inicialmente no te provocan demasiado interés, aunque deduces que hay pasado borrascoso, misterios por aclarar, que Godot va a aparecer. La temperatura emocional es tibia, ni lo que dicen ni lo que hacen presagian que el pasado de esta gente te vaya a remover.

Y aparece la femme fatale. Se lía con un tiburón que para no perderla pretende consumar los sueños de ella, hacerla estrella de cine con un director de primera clase. Pero llega el amor en medio del arte, y los cuernos y la atroz venganza del despechado e implacable villano. Y sigo como un témpano, no dando crédito a los forzados diálogos que escucho, sin que me salpique lo más mínimo el supuesto volcán que está acorralando a los amantes, ni las doloridas y metafísicas reflexiones sobre las heridas irreparables del creador cuando manipulan y alteran el montaje de esa obra amada en la que ha volcado su alma.

Hay infinitas referencias y homenajes a varios clásicos del cine para que captemos el compartido y penetrante mensaje sobre la creatividad que plantean Almodóvar y sus colegas del alma. Y los sentimientos pretenden estar en carne viva, pero como si ves llover. Y lo que observas y lo que oyes te suena a satisfecho onanismo mental. Y no te crees nada, aunque el envoltorio del vacío intente ser solemne y de diseño. Y los intérpretes están inanes o lamentables. La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio. Y dices: todo esto, ¿para qué?

Foto: El Deseo

martes, 19 de mayo de 2009

FESTIVAL DE CANNES 2009

GRANDIOSO PROYECTO CON RESULTADO NOTABLE
Amenábar entusiasma a Boyero con 'Ágora', su defensa de la tolerancia en clave histórica. Mientras los orientales Brillante Mendoza y Johnnie To lo agovian

Supongo que hay gente que hace cine por algo tan legítimo como ganarse la vida. Otros, por la convicción absoluta de que su incuestionable arte va a redimir al mundo. También están aquellos a los que no te los imaginas haciendo otra cosa, gente en cuya personalidad todo desprende inconfundible olor a celuloide, a narrar historias en imágenes. Alejandro Amenábar pertenece a esa raza. Tenía 24 años cuando realiza su primera película Tesis, edad que va asociada al aprendizaje. Pero aquella desasosegante inmersión en el suspense y en el terror parecía realizada por un director tan adulto como sabio, un brillante manipulador de emociones, alguien que hacía pasar tanto miedo al espectador como a esa estudiante de cine perseguida por un sádico especializado en hard-core.

Desde entonces cada proyecto del niño prodigio resulta imprevisible, tiene muy claro lo que quiere hacer y se toma su tiempo, se mete en películas tan arriesgadas como heterodoxas que resuelve con perfección, que alcanzan inevitablemente éxito comercial y le han otorgado un justificado prestigio. Se maneja con idéntica soltura hablando de un tipo al que el destino transforma en un monstruo físico y psíquico que dirigiendo a la megaestrella Nicole Kidman en un cuento gótico habitado por muertos que ignoran su condición, o llenando paradójicamente de emoción y de vida el dolor de un hemipléjico confinado en una habitación y que decide despedirse de una existencia tan atroz como impotente. El talento, la sensibilidad y la buena estrella han bendecido la variada obra de alguien que acierta siempre en temáticas aparentemente áridas, que sabe conectar con todo tipo de público, que hace el cine que le da la gana y que se ha ganado a pulso el derecho a equivocarse alguna vez.

Reconociendo la inquebrantable fe en sí mismo de este virtuoso en apuestas fuertes, se había creado lógica expectación y morbosa curiosidad alrededor de Ágora, una película de 50 millones de euros de presupuesto que se desarrollaba durante el siglo IV en la mítica Alejandría del Imperio Romano. Conociendo las aficiones de Amenábar era impensable que fuera a hacer un péplum o un tópico relato de aventuras. Tampoco sería Troya ni La pasión de Cristo, por citar dos ejemplos del cine moderno que revivían historias de la antigüedad y que por distintos motivos arrasaron en taquilla. Tampoco tendría demasiado parentesco con las aparatosas y convenientes interpretaciones del Imperio Romano que hizo Hollywood en los años cincuenta y sesenta. Sería una película de autor más que de productor, una reflexión muy personal sobre tragedias del pasado que también se pueden aplicar al presente.

Ese proyecto tan costoso y extenuante acaba de estrenarse en el Festival de Cannes. Lo primero que percibes en Ágora es que la documentación de ese guión ha sido muy trabajada, que se ha buceado intensamente en la historia sin tratar de adulterarla para llegar a la desolada conclusión que exponía Santos Discépolo en una incontestable y maravillosa canción de "que el mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también, que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos". Amenábar y su coguionista Mateo Gil hablan de la agresión salvaje que han ejercido las religiones, de su implacable metodología con los que consideraban herejes o disidentes, del casi siempre desigual combate entre la luz y la oscuridad. La primera está representada aquí por los guardianes de la Biblioteca de Alejandría, compendio de la sabiduría acumulada hasta entonces por la humanidad y que va a ser saqueada por una barbarie en imparable expansión llamada cristianismo, por una gente que fue acorralada en su nacimiento por los paganos y que en su ambición por el poder triturarán las mejores esencias de sus antiguos perseguidores. El resto de las religiones también salen malparadas, incluido el judaísmo y su adicción a practicar la ley del talión. Todos los que adoran ciegamente a dioses intangibles y a las reglas inamovibles sienten alergia hacia la tolerancia y están dispuestos a lapidar a los agnósticos, a los heterodoxos, a los que plantean dudas contra lo establecido.

La rebeldía está encarnada por Hipatia, una filósofa, astrónoma y matemática que investiga en el tiempo y en el espacio, que llega a la blasfema conclusión de que la Tierra puede girar alrededor del Sol, cuyos modelos no son Zeus, Cristo o Yahvé sino Parménides, Aristóteles y Tolomeo, gente que reflexionó sobre la ciencia y la naturaleza humana desafiando a las verdades impuestas, al cerril estado de las cosas.

Amenábar revive el universo perdido de Alejandría con poderoso sentido visual, diálogos excelentes, personajes diseñados con complejidad, tensiones latentes. Filma batallas y escenas de masas dando sensación de realidad, sin recurrir a los efectos de los ordenadores. Su implicación con la figura de la protagonista es estética y ética.

El tema y el primoroso lenguaje con el que se expresa me ponen incondicionalmente a favor de esta película, la veo y la escucho con respeto, estoy deseando que me atrape la emoción, pero ésta no llega. No consigo meterme dentro de una historia con tantas cosas admirables, condición indispensable que le exijo al gran cine. Esa mujer preciosa y actriz notable llamada Rachel Weisz está bien, pero no memorable. Me creo a los actores viejos, como el siempre impecable Michael Lodsale, pero no conecto ni mínimamente con los jóvenes, encabezados por Oscar Isaac y Max Minghella. La música de Dario Marinelli es lírica pero también abusiva, innecesariamente presente en casi todas las secuencias, subrayona. Ágora es una película notable a la que le sobran y le faltan cosas. Ojalá que tenga tirón para el gran público, que el éxito le permita a este singular director seguir abordando aventuras alejadas de lo convencional, que el mercado no le pase factura si no acaban de salirle las cuentas.

Celebro que me quede poco espacio para extenderme sobre los dos restantes títulos que ha exhibido en esta jornada la sección oficial, ya que nada bueno se puede contar de ellas. La filipina Kinatay, dirigida por el temible Brillante Mendoza, dedica dos horas insufrible a describir con imágenes oscuras la estupefacción de un chaval que aspira a entrar en la policía al constatar la relación umbilical entre ésta y un grupo de mafiosos de la prostitución, que torturan y descuartizan a una puta que ha intentado estafarles. Todo navega entre lo confuso y lo tedioso. Jonny Hallyday protagoniza Venganza, dirigida por el chino Jonnie To, señor al que los festivales le profesan incomprensible culto. Este profesional en intendible cine negro, en delirios, efectismo chirriante y violencia sistemática mantiene sus incendiarias y cansinas características en la venganza de un antiguo asesino a cuya hija acaban de cargarse. O sea: más de lo mismo.

AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Getty Images Europe

FESTIVAL DE CANNES 2009

AMÉNABAR IMPARTE UNA CLASE, LARGA Y PREMIOSA, DE "ASTRONOMÍA EMOCIONAL"
El tedio de Luis Martínez ante el estreno en Cannes de "Agora", la última densa superproducción española

Y llegó el día de 'Ágora'. El día del señor (el domingo, vamos), Amenábar presentó la más esperada de sus películas. Estamos delante de una producción de 50 millones de euros (grande, grandísima, para los usos y costumbres españoles) que arremete, con armas y bagages, contra todo lo que se mueve: la religión, el dogmatismo, la intransigencia, la ignoracia... Todas las enfermedades del alma, vamos. En palabras del propio director, "Asuntos todos muy de actualidad".

Eso sí, la cinta discurre en el siglo IV de nuestra era y se detiene en narrar los últimos días de Alejandría a través de los ojos de Hipatia, la filósofa (bien Rachel Weisz). Si se prefiere, cuenta el inicio de eso oscuro que se llamó Edad Media. Si se quiere, estamos delante de la narración detallada de cómo los cristianos pasaron de perseguidos a un nuevo estatus (mucho más rumboso): perseguidores. Buen tema para el domingo pues.

Hasta aquí, todo en orden. La cinta se precipita, con gesto decicido, por un terreno movedizo, de riesgo. Como ya hiciera Kubrick con 'Espartaco', la idea es convertir un género destinado al simple y puro solaz de incautos (es un 'peplum' con sus romanos con el pecho de lata) en algo diferente y, ya puestos, más respetable. De hecho, toda la película se alimenta de una contradicción: narrar un drama intimista entre el necesariamente espectacular derroche de decorados que exige el género.

Y así avanza, entre la Tierra (la lucha por el poder) y el cielo (la sabiduría de la filósofa Hipatia literalmente lapidada). De hecho, Amenábar recurre una y otra vez al recurso de elevar la cámara en círculos enormes desde el delta del Nilo (el lugar donde se asienta Alejandría) al ancho universo. Cosas de las metáforas: la idea del recorrido en elipse (que no en círculo) de los planetas alrededor del Sol, de la circularidad del tiempo histórico, reproducida en un único y majestusoso plano.

Las buenas noticias corren a cuenta del gusto por el detalle, la cinematografía elegante, el discurso pausado y las interpretaciones ajustadas a la intensidad del momento. Un cineasta, vamos. Las otras, las malas (que las hay), son producto del permanente estado anti-climax al que el director somete al espectador. Por primera vez en la filmografía de Amenábar, la historia no avanza, no hay tensión, la narración está detenida en un extraño empeño por impartir una larga clase de historia de la ciencia.

De hecho, el juego es ése: de un lado, la filósofa atrapada en su necesidad de saber; del otro, el fanatismo prisionero de su necesidad de sangre. La primera parte termina por resultar en exceso premiosa, demasiado cerca de un documental de National Geographic; y la segunda, demasiado obvia. El prólogo de la película dura exactametne una hora. Sesenta minutos para lo que debería haberse resuelto en diez.

Dice Amenábar que, a estas alturas, ya no puede juzgar su película. Probablemente, eso le ocurre a cualquier director. Después de tanto tiempo, donde debería entender él mismo su historia, sólo ve "un detalle, una ventana" (palabras suyas). Por alguna razón, eso mismo le pasa al espectador: donde debería ver el drama entero de la humanidad encarnado en una protagonista brutalmente asesinada, ve, además de eso, el lento transcurrir de una larga clase de astronomía. Pura contradicción. El director lo llama "astronomía emocional". El resultado es mucha astronomía y poca emoción.

AUTOR: Luis Martínez
FUENTE: El Mundo

FESTIVAL DE CANNES 2009

SCORSESE, AL RESCATE DEL CINE PERDIDO
El presidente de la World Cinema Foundation pide apoyos para recuperar títulos en peligro de desaparición - El certamen dedica un ciclo a sus hallazgos

Como un Indiana Jones, pero sin látigo y con gafas de pasta negra, recorre el planeta Martin Scorsese en busca del arca perdida del cine mundial. Malí, Turquía, Dubai, Egipto, Brasil, China, Estados Unidos... y por supuesto, Cannes, son las etapas de su periplo como presidente de la World Cinema Foundation, la institución que el director de Toro salvaje y Uno de los nuestros -uno de los dos o a lo sumo tres clásicos del cine en vida, para entendernos- puso en marcha hace dos años aquí mismo, en el primer festival del mundo. Su objetivo: localizar, primero, restaurar después y finalmente exhibir aquellas películas que el paso del tiempo y el empeño de la desidia se ha encargado de poner en peligro de muerte.

Ayer, de visita en el Cannes que le aupó a la gloria en 1976 -Palma de Oro para "Taxi driver"- Scorsese lanzó una nueva llamada al rescate del cine perdido u olvidado. Aun siendo realista, aun siendo consciente de que "muchos países, en la era en que vivimos, tienen cosas mucho más importantes que hacer que preservar su patrimonio cinematográfico, porque sus prioridades son el hambre o la sostenibilidad del medio ambiente".

Su presencia en el festival se debe también a su papel de maestro de ceremonias en la sección Cannes classics, creada en 2004 y que cada año muestra películas recuperadas y restauradas: los viejos amantes de Jacques Tati, por ejemplo, tendrán la ocasión de ver una restaurada Las vacaciones del señor Hulot, y ayer mismo le tocó el turno a Las zapatillas rojas, de Michael Powell y Emeric Pressburger, presentada por Scorsese en el escenario. Una película recurrentemente citada por autores como Brian De Palma o Steven Spielberg como chispazo inspirador de sus carreras.

"La restauración y salvación de películas es una batalla ardua, porque siempre nos falta tiempo", explicó Scorsese en Cannes. "Como saben, el cine vive sobre un soporte delicado que se deteriora si no es bien almacenado, y si la situación en un país como Estados Unidos ya es preocupante en ese sentido, imaginen lo que ocurre en países que no pueden permitirse estas operaciones de rescate: estamos perdiendo irremediablemente muchas grandes películas de la historia del cine". Scorsese puso el dramático ejemplo del cine mudo hecho en Estados Unidos, "del que ya se ha perdido casi un 90%", dijo. O la versión íntegra de Juana de Arco, de Dreyer, perdida entre 1932 y 1981 hasta que fue hallada en una alacena de un manicomio danés...

El combate cazapelículas de Scorsese sigue adelante, en estrecha colaboración con Gianluca Farinelli y su equipo del Archivo Cinematográfico de Bolonia. También con las empresas B-Side y The Auteurs (una gigantesca filmoteca en la Red, www.theauteurs.com), que procurarán la exhibición de las películas que la WCF vaya rescatando del olvido. "Porque lo fundamental no es sólo que las películas sean localizadas, restauradas y salvadas... Además tienen que ser mostradas a la gente. Si no, no tiene ningún sentido", explica Martin Scorsese, que sacará tiempo de donde sea para seguir ejerciendo de Indiana Jones. Y eso, a pesar de estar inmerso en la posproducción de su película Shuttter island y de un documental sobre George Harrison, y en la preproducción de Silence... Además de ese proyecto en ciernes sobre la vida de Frank Sinatra (con un más que probable Leonardo DiCaprio en la piel del mejor crooner de la historia), y del que Martin Scorsese no quiso soltar prenda más allá de "es un viejo proyecto", aunque Universal lo confirmaba ayer mismo en un escueto comunicado.

AUTOR: Borja Hermoso
FUENTE: El País
FOTO: Pascal Le Segretain/Getty Images Europe

FESTIVAL DE CANNES 2009

LA INSOPORTABLE TRANSGRESIÓN
Otra vez el crítico de cine y columnista español de El País, Carlos Boyero nos cuenta su experiencia en la Croisette, entre Von Trier y Loach

Entre los directores ancestralmente mimados por Cannes ocupa un lugar intocable el danés Lars von Trier. Haga lo que haga el gurú del Dogma sabe que el festival le va a recibir con los brazos abiertos, que los selectos miembros de su posmoderna parroquia van a celebrar con alborozo y éxtasis cualquier ocurrencia o experimento de su siempre revolucionario profeta. La mayoría de sus películas han dispuesto aquí de la prestigiosa plataforma de lanzamiento internacional, se han hinchado a ganar premios, forman parte de la historia de Cannes en los últimos 25 años.

Reconociendo que este director tan insólito como agresivo está en posesión de un talento especial y de reconocible personalidad, sólo me he sentido impresionado por su cine en dos ocasiones, en las escalofriantes y auténticamente perturbadoras "Rompiendo las olas" y "Bailar en la oscuridad". El resto, o no las entiendo, o me ponen de los nervios, o me parecen estupideces convenientemente adornadas, pero admito que su autor siempre se siente en la obligación de dar la nota, de empeñarse en ser el más transgresor, de que nadie permanezca indiferente ante sus criaturas.

Anticristo comienza con una pareja follando desaforadamente (sin trucos, con sexo explícito, con naturalismo que acredite la marca de la casa) mientras que su desatendido hijo gatea hacia una ventana abierta. Y dices, empezamos bien, que se note que Trier es el más heavy, que el plano a cámara lenta de un bebé estrellándose contra el suelo nos prepare para el desmadre emocional que se avecina.

La madre enloquece de dolor y el padre, que es psiquiatra, intenta la terapia de curarla en medio de un bosque presuntamente apacible. Lars von Trier le pide a su director de fotografía que se eche la cámara al hombro permanentemente y se dispone a castigarnos duramente con las alucinaciones y el sadomasoquismo de estos dos náufragos mentales en medio de la amenazante naturaleza. Ya están permitidas todo tipo de pasadas. Si se limitara a la sucesión de compulsivos polvos y pajas, a realizar un porno salvaje con pretensiones de originalidad, hasta podría ser divertido, pero Lars von Trier y su complejo de artista destroyer, también necesita disfrazarlo con discursos psicológicos en medio de la atmósfera de las pesadillas. A la mitad de trama tan tediosa resulta que Satanás se ha instalado en la deprimida esposa y como el diablo siente tanta afición a la sanguinolencia, la poseída e histérica dama le destroza los genitales al marido, le atraviesa la pierna con tornillos y para rematar la orgía se corta los labios vaginales con unas tijeras de podar. Porque al autor le sale de los huevos, porque sus desgarradores poemas fílmicos se sienten en la obligación artística de hacer vomitar a los espectadores. Y te planteas que esa actitud es tan legítima como la decisión de alguien responsable para internar a este tarado en el frenopático durante una temporada. Pero no ocurrirá. Seguro que Anticristo estará en la quiniela de los galardones, que se dedicarán ilustradas y penetrantes tesis a la grandeza de su provocación, que descubrirán en ella el retrato genial del Apocalipsis. La imbecilidad con ínfulas de transgresión siempre goza de infinitos adeptos en estos templos de la alta cultura denominados festivales.

Afortunadamente, Ken Loach y su habitual guionista Paul Laverty están muy apegados a las cosas terrenales, no tienen tiempo ni ganas para las masturbaciones mentales sobre metafísicos anticristos con adicción al gore. En "Looking for Eric" se permiten fantasías, pero son tan generosas como divertidas. Como la de que a un cartero cincuentón que siente que su existencia ha sido un fracaso, con inclinaciones suicidas, soportando a unos hijos que hacen la carrera de delincuentes juveniles, atormentado por haber perdido en la juventud a la que fue la mujer de su vida, pero en posesión de buenos amigos y de la fervorosa adoración por aquel futbolista extraordinario y torrencial ser humano llamado Eric Cantona, se le aparezca el espíritu de éste para aconsejarle sobre los problemas que le amargan. Y es muy hilarante y tierna la relación entre el asfixiado proletario y el pelotero filosofal. Loach, cuando habla de lo que conoce y se olvida del panfleto, siempre transmite sensación de verdad, sorna, humanidad, un ojo y un oído privilegiados para captar la imagen, los sentimientos y los sonidos de la calle. Te ríes muchas veces en esta película y esa sensación tan liberadora en medio del solemne intelectualismo que caracteriza la programación de los festivales, alcanza condición de oasis.El director siempre se siente en la obligación de dar la nota.

AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Michael Buckner/Getty Images Europe - Photo Agency

FESTIVAL DE CANNES 2009

EL "MEJOR CINEASTA" DEL MUNDO
El danés Lars von Trier colapsa el certamen con la presentación de 'Anticristo'


"El caos reina", reza el cartel que Lars von Trier tiene pegado en la puerta de su despacho de los estudios Filmbyen, unos antiguos cuarteles militares situados a las afueras de Copenhague. Pero el mismo lema puede adherirse a su nueva película, Anticristo. No en vano es una de las réplicas que el director danés incluyó en esta crónica salvaje de una pareja infernal protagonizada por Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg, actores únicos del filme. Eso sí, la frase no la dicen ni el hombre ni la mujer, sino... un zorro. Es el mundo de Lars von Trier (Copenhague, 1956), que hace hablar a las bestias y automutilarse a las personas, en un cine brutal que ha dividido al Festival de Cannes entre furibundos detractores (una inmensa mayoría) y ensimismados entusiastas. De tal manera que, bien pensado, también el impacto de Anticristo en público y prensa podría llevar el mismo marchamo: "El caos reina".

El caos reinó hace cosa de dos años en la vida del director danés, víctima de una profunda depresión que le hizo "tocar fondo". Se preguntó entonces si sería capaz de volver a rodar una película y se dijo a sí mismo que hacerlo podría servir de terapia. "Hice esta película para curarme, y aquí está... Comprobé que la rutina de levantarte por la mañana y trabajar puede ayudar mucho", explica Von Trier en Cannes. Se fue a Alemania para buscar financiación y rodar. "Pasamos tres meses en las afueras de Colonia, en un hotel que tenía un menú... que de no haber estado ya deprimido, lo habría acabado estando", cuenta el fundador del movimiento Dogma, embutido en un veraniego traje beis y tocado con un sombrero Panamá.

La comparecencia de Lars von Trier ante los medios de comunicación de todo el mundo, ayer en el Palacio de Festivales, estuvo a la altura de la enorme controversia suscitada por esta ceremonia de la sangre y el sexo. Una ceremonia en la que la paranoia se abre paso con profusión de primeros planos de autoablaciones de clítoris, masturbaciones masculinas con resultado de sangre y no de semen y otras lindezas marca de la casa. Éste es el diálogo que el realizador mantuvo con un periodista británico que le había preguntado por sus motivos:

-¿Por qué ha hecho esta película? Y procure contestar con algo más que una palabra...
-La vida no es sencilla. Y no tengo por qué justificar esta película, la he hecho y ya está.

-Sí tiene que justificarla, está usted en el Festival de Cannes.
-No sé por qué tengo que justificarme, me gusta hacer películas, sólo eso, no puedo decir gran cosa, su pregunta es muy rara. ¿Por qué tengo que pedir perdón? Son ustedes mis invitados aquí, y no al revés. Yo trabajo para mí mismo, no lo hago pensando en el público ni en la prensa... No tengo que explicar nada, y me gustaría hacerlo, pero no puedo.

-¿Por qué haber hecho esta película y no otra?
-Es Dios el que dicta [Lars von Trier se declara ateo].

El director danés ya había reconocido antes de ser seleccionado para la sección oficial de Cannes (donde ganó la Palma de Oro en 2000 con Bailar en la oscuridad), y así lo dicen sus notas de producción, que Anticristo no sigue los parámetros habituales de su cine, ya que es "una obra en la que las secuencias se fueron añadiendo sin razón lógica, y donde las imágenes iban componiéndose fuera de toda lógica o de toda reflexión dramática, procediendo a menudo de sueños que yo tenía o había tenido en otras épocas". El caos reina...

Anticristo nace de las propias perversiones de Lars von Trier, tal y como él mismo admite. Para ello, Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe, que ya había trabajado con Von Trier en Manderlay, se plantaban en el rodaje "dispuestos a todo", pero prácticamente sin saber lo que tocaba ese día. "Fue una experiencia única", recuerda Gainsbourg. "Hablábamos poco y hacíamos mucho, Lars no permite que ensayes antes, no te explica casi nada, te pide que llegues y empieces a rodar, con él es casi el actor el que fabrica la secuencia sobre la marcha", explica Dafoe.

Un método, una obra, una película para la polémica, Anticristo, cine hecho por un tipo con miedo irreprimible a volar, por un señor danés que se considera a sí mismo, "el mejor cineasta del mundo, porque los demás están sobrevalorados".

AUTOR: Borja Hermoso
FUENTE: El País
FOTO: Michael Buckner/Getty Images Europe

FESTIVAL DE CANNES 2009

“UN PROPHÈTE”: LA PRISIÓN, UNA ESCUELA DE LA VIDA SEGÚN JACQUES AUDIARD

La escena acontecida el sábado 16 de mayo, a las 11 de la mañana, en el Gran Teatro Lumière de Cannes, donde se acaba la proyección de prensa del quinto largometraje de Jacques Audiard, “Un prophète”. Es en pocas palabras: un volumen de aplausos y un “yo no sé qué” que hace temblar el aire, cuya conclusión sugiere que si el premio se declaraba hoy, Jacques Audiard saldría de Cannes con la Palma de oro en su bolsillo.

De hecho, es una película admirable que acabamos de ver. Rica, compleja, sutil, bajo una tensión permanente, incomoda y generoso. Las dos horas y treinta minutos de una puesta en escena rigurosa e inventiva, en un género poco y mal servido por el “cine hexagonal”: la película de prisión. A excepción de “Le trou” de Jacques Becker (1960), es lo más grande jamás realizado en Francia.

La razón es simple, es que “Un prophète” es mucho más que una película de prisión. Es también un relato de venganza, una novela educadora, una alegoría política.

He aquí la paradoja del lugar común del género: el todo está en saber arreglárselas. Para Malik El Djebena, el muy discreto héroe de esta película, eso tardará seis años. Cuando nos introducimos a lo central, él es un pequeño rufián de 19 años, de origen magrebí, analfabeto, sin familia, sin amigos, sin apoyo, a la gracia de la violencia que reina en estos lugares. Cuando sale, entero y vivo, es un hombre que se ha constituido en un sólido entramado, un botín de guerra confortable, una mejor comprensión de la humanidad, una fe irreducible en la libertad individual, e incluso una esperanza de felicidad enamorada.

Eso en cuanto a la novela de formación, estilo Audiard, es decir, de una agradable y anarquizante amargura: la prisión como escuela de la vida, en una sociedad corrompida por la violencia y la injusticia. Como lo declaró el realizador a AFP, “hay una ironía que me pareció suficientemente interesante para hacer una película: este muchacho le debe todo a la prisión y no pienso que sea un caso particular ".

El corazón de la película consiste en mostrarnos cómo el héroe llega a este resultado. Ahí todavía, es inútil de esperar de Audiard la menor concesión al idealismo o al compromiso de una película documentada. Totalmente reconstituida en estudio con actores profesionales, la película juega el juego del género, con sus rituales y sus pasajes obligados, pero se toma convenientes libertades con sus convencionalismos.

No solamente porque las autorizaciones de salida obtenidas por este recluso al parecer modelo, ocasionen algunas escenas de acción en exteriores también deslumbrantes como decisivas. Pero también porque Malik El Djebena es esencialmente un oportunista, que reinventa en el medio carcelario las reglas del judo y las leyes de Machiavelli para preservar, a alto precio, su integridad: jugar con inteligencia contra la fuerza, asumir su propia abyección moral en el crimen y la traición, utilizar la fuerza del adversario para triunfar.

Desembarcado en un universo dominado por dos clanes, los corsos y los árabes, Malik va someterse contra todo lo esperado a los primeros, ganándose a fuerza de humillaciones y de sumisiones la confianza del cabecilla (Niels Arestrup, magnifico en su manera de traducir su violencia), exponiéndose a la hostilidad de su propia comunidad, a fin de conseguir un final del que el espectador no descubre hasta muy tarde. Admirable la inteligencia del guión, aquí también, es donde se revela una pequeña luz de este relato de formación que se pone al servicio de un proyecto de venganza personal.

No está prohibido, finalmente, leer en este a puerta cerrada carcelario una parábola de vocación más general. No en un alegato sobre la actualidad de las prisiones francesas, sino un reflejo tenso de una sociedad cada día más fragmentada, tomando como blanco las reivindicaciones de las comunidades y del espíritu de clan. Eso explicaría la suerte reservada por Audiard a la mafia corsa, cuyo código de honor se revela corrompido por el chauvinismo y el racismo, y también del hampa magrebí, que se sirve de su fe rigurosa en el islam.

Pues entonces, en cambio, a su héroe solitario, profeta en su país, que va toda la simpatía del cineasta. Porque, a falta de ser un ángel, sobrepone su libertad individual antes de cualquier comparecencia identitaria, porque él demuestra la manera en que los débiles pueden resistir a los fuertes.

“Trabajo para mí mismo”
El “yo trabajo para mí mismo” expresado por el pobre árabe Malik, es sin duda un credo que podría reclamar Jacques Audiard, cineasta a parte en el paisaje francés. Ni la moral ni la conciencia política no se encuentran en su cálculo, pero estaría en contra su voluntad no ver en esta fraternidad entre el realizador y su personaje una verdadera generosidad de corazón.

Es lo primero que permite señalar como su mejor película y el segundo se roba el show. Su intérprete, Tahar Rahim, novato en el cine, ofrece una prestación asombrosa. No es la gran noche, pero sin duda es lo máximo que un cineasta puede hacer en su lugar que es la suya (su noche).

Film francesa de Jacques Audiard con Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif, Reda Kateb. (150 minutos)

Leer crítica en su versión original

AUTOR: Jacques Mandelbaum
FUENTE: Le Monde
FOTO: UGC Distribution, Roger Arpajou
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

lunes, 18 de mayo de 2009

LA DECEPCION TIENE UN NOMBRE ILUSTRE: COPPOLA
La primera mirada al Festival de Canes del crítico de cine y columnista español de El País, Carlos Boyero

Si existe un director antiacomodaticio, capaz de jugarse lo que ha ganado por experimentos propios o ajenos en los que cree, de abandonar caminos seguros para introducirse en el riesgo de lo inexplorado, se llama Francis Ford Coppola. Aunque sólo hubiera realizado la inmarchitable saga de El Padrino, esa creación le sitúa más allá del bien y del mal, en una condición que sólo está al alcance de los mejores y denominada clasicismo. Pero el heterodoxo Coppola también es el autor de otras obras maestras, de fracasos apasionantes, de lenguajes continuamente renovados para contar sus historias. Su monarquía no sólo se ha prolongado en Hollywood y en sus estudios Zoetrope. También lo ha hecho en el festival de Cannes, logrando en el pasado algo tan insólito como que le concedieran dos veces la Palma de Oro por la atormentada lucidez de La conversación y por esa epopeya en estado de alucinación titulada Apocalypse now.

Coppola ha regresado con su última película a un festival en el que es venerado. No lo hace en la ambicionada sección oficial, sino en la menos trascendente Quincena de Realizadores, algo que inicialmente te mosquea al venir firmada esta obra por una de las pocas glorias vivas que le quedan al cine.

También he leído en alguna entrevista con Coppola que éste es el tipo de película que siempre ha querido hacer. Se titula Tetro y comienza bien, con aroma a misterio, con la llegada en medio de la noche al barrio bonaerense de La Boca de un marinero adolescente que está buscando a su mitificado hermano mayor, alguien que desapareció de su vida y de su familia hace muchos años. Son imágenes con fuerza, en blanco y negro, con sabor a enigma, que asocio inevitablemente con el arranque de la fascinante La ley de la calle. Las expectativas de que vas a ver algo grande se acaban a los 10 minutos. A partir de ahí comienza una cadena de despropósitos, diálogos enfáticos, situaciones huecas, personajes que se convierten en involuntaria parodia, flashbacks absurdamente coloreados en los que se describe la torturada y edípica relación que llevó a la huida, la autodestrucción y la locura a un hombre masacrado por la egolatría y el egoísmo de su famoso padre, reflexiones muy gastadas sobre el arte y la creatividad que dan entre risa y pena, un viaje hacia la redención que se pretende cargado de sentimiento pero que es incapaz de transmitirte nada, un catártico y alargado desenlace que se desarrolla alrededor de unos premios literarios que se conceden en la exótica Patagonia y que puede provocar vergüenza ajena.

Alguien me comentaba que en muchos momentos de Tetro da la sensación de que Coppola está imitando el estilo y el tono del peor Almodóvar. No exagera. Ver para creer. Y te da tanta lástima como estupor que un director extraordinario pueda llegar a parecerte una caricatura de otros. Ojalá que el casi anciano Coppola no se despida del cine con esta película lamentable. No se lo merecen ni su deslumbrante carrera ni los infinitos admiradores a los que nos ha regalado tantas sensaciones impagables.

La directora inglesa Andrea Arnold también habla en Fish tank de la lacerante incomunicación entre una madre y su hija adolescente, pero en este caso no te suena a impostura con pretensiones metafísicas, son gente de los suburbios y experta en supervivencia. Esa cría en permanente guerra con el mundo, colgada del amante de su madre, enfrentándose en plan punki al lógico torrente de incertidumbres, miedos, rencores y sensación de fracaso cotidiano que acompañan a la casi siempre problemática adolescencia respira credibilidad y vida. Andrea Arnold vuelve a demostrar aquí, como hiciera en su sugestiva ópera prima, Red road, que sabe describir a gente a la deriva, a seres frágiles y en permanente desconcierto que se defienden a bocados.

La película china Spring fever, dirigida por Lou Ye, destaca porque es la primera vez en el cine de esa nacionalidad en el que una relación homosexual está plasmada con imágenes que no desdeñaría el porno. Hay sexo casi explícito en todos los lugares y retratando variados tipos de posturas coitales entre un chico muy moderno y un señor casado con una mujer que quiere asesinarlo al enterarse de que le pone los cuernos con un tío. Lo malo es que esta interminable sucesión de polvos también está acompañada de pretensiones líricas y sociológicas que rozan lo grotesco. Es muy higiénico que en un cine tan timorato o amordazado para mostrar el erotismo un director audaz se salte las reglas. El problema es que su película es tan tediosa como inane. La provocación también necesita sustentarse en algo mínimamente sólido.

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AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Festival de Cannes

FESTVAL DE CANNES

CANNES HACE UN LLAMADO A LAS DIRECTORAS
La directora neozelandesa Jane Campion ha animado a sus colegas a ponerse sus armaduras y hacer un impacto en el Festival de Cine de Cannes.

“¡Me gustaría ver a más directoras, porque son ellas las representantes de la mitad de la población y porque son ellas las que procrean a el mundo entero!”, bromea la directora, actualmente en competencia en Cannes con el romance de época “Bright Star”.

“Lo que les interesa a las mujeres es muy interesante para mi y sin más guionistas y directoras, el resto de nosotros nunca va a saber la historia completa”.

“Pero yo creo que las mujeres crecen sin mucha critica severa, ellas son tratadas con mas sensibilidad y es un poco duro cuando tienes tu primer encuentro con el mundo del cine”.

“Las mujeres deben ponerse sus armaduras y ponerse en marcha”
Campion dice que las mujeres pueden encontrar difícil “desarrollar una piel resistente”.

Pero las mujeres deben ponerse sus armaduras y ponerse en marcha, porque queremos ver más de ellas en la competencia, agrega la neozelandesa, quien se encuentra en competencia en el festival, 16 años después de ganar la Palma de Oro por” The Piano”.

La noche anterior cuando estábamos revisando las publicaciones, sentía mariposas, dijo Campion acerca de su retorno a la Croisette, “Me sentí emocionada y atemorizada”.

Campion de 55, emana calidez y humildad mientras que habla acerca de Bright Star: “Me apasionaba tanto la aventura, me siento triste de estarme alejando de ella”. Su primer largometraje presentada en seis años, esta sigue la intensa aventura amorosa entre el poeta pobretón John Keats y su muy sincera vecina, la bella Fanny Brawne.

“Sentí como si hubiera entrado en otro mundo,” dice Campion, quien tropezó con la historia entre Keats y Fanny, cuando estuvo leyendo la biografía del poeta John Keats por Andrew Motion.

“La historia de su relación me atrapó inconscientemente, eso fue tan emocionante y a la ves doloroso”.

Historia Íntima
La historia esta narrada desde del punto de vista Fanny: “Fanny se enamora de Keats y es en ese transcurso cuando nosotros nos enamoramos de Keats y de ella”

Ella no estaba interesada en la poesía, pero en el transcurrir de la historia ella va ganando un apetito y amor hacia ella (la poesía).

“Para mí, ella fue una persona muy honesta con la cual viajar, y eso es porque yo me siento en una posición similar.

Campion insiste en que la película no intento ser una película biográfica o ser una obra de época, a pesar de las antiquísimas vestimentas y de la recreación refinada de una irreconocible Hampstead village.

“Fue muy importante para mi contar una historia muy íntima… no enfocarme en las grandes casas ni en los vestuarios,” dice Campion.

Ella instó a sus actores principales, Abbie Cornish y Ben Whishaw, a encontrarle “una cualidad a lo cotidiano” en su interpretaciones.

Campion señala a su hija como su inspiración para la voz moderna de Fanny, y también señala que es ella la razón de los largos intervalos entre sus largometrajes: “Alicie es mi razón y hasta el momento mi mejor película”.

Una película que toma lugar en el siglo 19, donde un poeta y sus trabajos son su idea central y como se puede sobrevivir en los múltiples escritos inéditos hasta ser vistos.

“Nos gustaría pensar que podemos atraer nuevamente a la gente hacia la poesía, porque es tan un hermoso plantar un jardín en sus almas y en sus mentes”.

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AUTOR: Victoria Lindrea
FUENTE: BBC News
FOTO: Festival de Cannes
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos
COLABORACIÓN: Sholange Barranzuela

domingo, 17 de mayo de 2009

FESTIVAL DE CANNES 2009

“FISH TANK” TE ENGANCHA
La aspirante a la Palma de Oro, Andrea Arnold, nos trae una película impactante acerca de un amor traicionado en un paisaje inhóspito, sustentado por las inquietantes actuaciones de Michael Fassbender y la debutante Katie Jarvis.

En el claustrofóbico apartamento que alberga a una familia disfuncional y rabiosa, rodeada de espacios de salvaje encanto, donde la expansión descontrolada de la ciudad sale hacia el campo, La cineasta Andrea Arnold descubre una historia poderosa de traición amorosa. Esta es una de las tres películas británicas en competencia este año en Cannes. “Fish tank, es una drama con poderosas actuaciones, fantásticamente fotografiada por el director de foto, Robbie Ryan, quien intercala con brusquedad interiores grises y paisajes impresionantes parecidos a algo con dos caras. Arnold toma elementos del duro y real drama social en el cual nos encontramos, sino es igual, al menos es familiar; pero hace que lo vivamos nuevamente y dirige la película lejos del miserabilismo, conduciéndola hacia una representación sólida y sincera.

Mia, interpretada por la debutante Katie Jarvis, es una antisocial de 15 años que vive con su madre soltera Joanne, interpretada por Kierson Wareing) su contestona hermana menor Tyler — escena robada de Rebecca Griffiths — y su graciosísimo perro llamado Tennents. Así como una sincera devoción por las chelas baratas del supermercado, las niñas han aprendido de su madre maneras preventivas despreciables y furiosas para disimular los sentimientos que las hieren. Mia misma, es una aspirante a bailarina y una mañana mientras intenta poner en práctica unos pasos de baile en la cocina, el nuevo novio de su madre deambula semidesnudo, esperando poner la tetera a hervir.

Este encantador y bien parecido es Connor, interpretado de forma excepcional por Michael Fassbender, mira a Mia con una franca valoración. “Tu bailas como una negra”, dice, “… lo digo como un cumplido“. La pobre Mia que nunca había recibido cumplido o algún elogio en su vida y responde alternando desconfianza y ferocidad, semicontrolada gratitud, especialmente cuando Connor se comporta como un verdadero papá, Teniendo a todos a su favor.

Desde luego que hay una atmósfera sexual entre Connor y Mia, tan tórridamente húmeda que hasta el techo esta casi empapado. Una noche Mia finge estar dormida tanto que Connor la llevará hasta su cama, es ahí cuando entran en una escena extremadamente sugestiva de nalgadas simuladas, cuando Connor aparenta “disciplinarla”. Mia no tiene idea de cómo expresar o manejarse, es demasiado, carente de reservas de cariño: ella no sabe si lo que quiere es un amante o un padre, o solo alguien que la ame incondicionalmente. Connor es quizás ese hombre, pero este seductor nada fiable guarda secretos.

Las actuaciones de Jarvis y de Fassbender son destacadas y tienen una química inquietante y por tanto los hace explotar. Esta es otra película altamente inteligente, envolvente de una de las voces más poderosas en el cine británico.

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AUTOR: Peter Bradshaw
FUENTE: The Guardian
FOTO: Fotogramas
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos
COLABORACION: Sholange Barranzuela
“BRIGHT STAR”: LA TURBACIÓN EXQUISITA DE UNA PASIÓN PURA EN EL SIGLO XIX
Un enfoque superficial puede dejar pensar que “Bright Star”, la película de Jane Campion, situada en un pueblo muy cercano a Londres de 1818, está a los antípodas de las historias contemporáneas que se ven en Cannes. Impulsos refrenados por una parte, pasiones sexuales del otro. La cineasta neozelandesa no sólo habla del deseo, del impulso, del amor vivido como una insurrección.

El beso que terminan por intercambiar los dos jóvenes protagonistas, labios que se rozan, se alejan, se unen para juntarse nuevamente, como en “Notorious” de Hitchcock, antes de que la señorita vuelva a ponerse su sombrero, discreto símbolo de un indecente strip-tease, es infinitamente más inquietante que los ruidos de succión orquestados en varias películas del Festival.

Si Fanny, la heroína de esta admirable película, maravillosamente personificada por Abbie Cornish, prueba que ella dista mucho de ser frígida, y se sumerge en un siglo en que las Lady Chatterley no corrían por el campo, en una cultura romántica donde la pasión se hacia un deber de expresarse con reserva.

Adepta a los más excéntricos collares, como Nicole Kidman a su miriñaque en “The Portrait of a Lady” (1996), uno de las películas de lo más injustamente despreciadas de Jane Campion, Fanny se abre con tanto más descaro cuando está bajo la vigilancia permanente de su dama de compañía, su adorable hermanita.

El joven hombre del que se enamora es el gran poeta romántico John Keats (1795 - 1821). Fanny Brawne es conmovida por sus escritos, por el sufrimiento de su hermano moribundo. Keats está perplejo al principio (“usted me atrae sin que yo sepa porqué. Todas las mujeres me perturban"), y es esa, facilidad de palabra, personalidad con temperamento, que va a volverse irreemplazable a los ojos de ella que le ha enseñado que “la poesía es una experiencia de los sentidos”.

Keats no tiene los medios para amar a Fanny: no gana una moneda. Un amigo poeta, que vive con él, va a hacerlo todo para alejarlo de esta provocación que sólo sabe “embromar y coser”, y del que no deja de burlarse de sus vestidos. Está también la madre de Fanny, tolerante a pesar de todo, pero que acentúa aún más el impasse de este idilio.

Fanny no dejará escapar nada, pasando y volviendo a pasar debajo de la ventana del poeta, especialmente, cuando cae enfermo y está prohibido de recibir visitas, arrancando incluso una petición de mano. Las cartas que ella envió Keats son consideradas como modelos de cartas de amor. Él murió de tuberculosis en Roma, de 25 años.

La crisis de sollozos de Fanny que se enteran de la muerte de Keats libera emociones por mucho tiempo reprimidas. Todo, en la actitud de la joven mujer, cuyos amplios vestidos de cinturón alto que ocultan su redondez, revelan una impaciencia por ser elegida, halagada, admirada, poseída.

Todo, en la puesta en escena de Jane Campion, sugiere el carácter agobiante de lo que se aleja o se acerca a los amantes potenciales. Así las puertas, las cortinas, los cristales o las paredes, a lo largo de las cuales Fanny es empujada de su cama para dormir más cerca de Keats. Así la evocación pícara de una casa en la que vivieron por turno, ocupando la misma habitación.

Uno, dos, tres....sol
La intensidad de los versos apasionados, la sensibilidad con la cual el poeta expresa el nacimiento de sus sentimientos, la sublime frustración carnal, el hilo que se borda entre Fanny y John, todo eso cohabita en la película con una cotidianidad trivial, el de los trabajos de costura, los juegos de niños, las ausencias de cartero y las mezquindades sexuales del amigo de Keats, que deja embarazada a la sirvienta.

Fanny y John juegan con decoro como en “uno, dos, tres… sol”. Las estaciones pasan, la nieve cae, las flores nacen, junquillos o violetas. Fanny deja alzar vuelo a las mariposas en su habitación, que desaparecen cuando John está lejos.

En peligro permanente de ser encorsetada por el academicismo, Jane Campion desliza sus travesuras. Una pequeña llave oculta entre los senos de Fanny, un “turbación exquisita” confieso, un plano fugaz de dos pies desnudos, y este suspiro escapado de la boca de la joven muchacha cuando Keats le susurra “te besaré las manos, la frente, los labios…”, y que, ella lo interrumpe, sugiriéndole: “… por todas partes!” Todo ello sin cámara fija, en un trabajo de reconstitución perfecto y una preocupación permanente de hacer irradiar las luces interiores.

Película australiana de Jane Campion con Abbie Cornish, Ben Whishaw, Paul Schneider, Kerry Fox. (2 horas)

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AUTOR: Jean-Luc Douin
FUENTE: Le Monde
FOTO: Laurie Sparham, Pathé Distribution

TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos